Reseña de Don Gregorio Sessions




1 "Azulejos": El primer track del EP, arranca con un alarido del saxofón de Tincho Álvarez (Butumbaba) para iniciar un reggae moderado, que no tarda en convertirse en un ska impaciente; se suma el trombón de Roció Elizalde para completar la fila de vientos.
Las cosas vuelven a tranquilizarse, esta vez en aires de bossanova, donde un dialogo entre las guitarras y el saxo y dejan pasar suspiros, shakers y coros lejanos.
Sigue desfilando el reggae y el ska, el trombón dice lo suyo y la canción termina melancólicamente en un sonido más rockero. Una batería sólida, bajo y piano acompañan lentamente, dejando el final, doloroso, en las voces y el saxo.

2 "Infractor moral": El camino adquiere repentinamente un nuevo color. Un tema Funk-rock, donde bajo y batería llevan el groove constante, la voz rapea velozmente incertidumbre social, alternándose con las rítmicas variadas de la guitarra.
Melodías en las teclas, alguna rítmica latina, un solo de guitarra-bajo y las exclamaciones nerviosas llegan a un desenfrenado final, para que la batería concluya en un despliegue de rock.

3 "Rutina para andar": Canción de gran atractivo rítmico, que se ve reflejado en la conjunción de los diversos patrones que surgen de cada integrante, y generan como resultante una estrofa con un sonido alternativo. Todos se juntan en un interludio de gran fuerza, donde la guitarra toma la melodía. Sigue desfilando a contramano la situación de nuestra vida tan controlada; cantada inteligentemente sobre el repetido riff.
La canción adquiere una dosis de metal. Los gritos plantean la duda y hacen lugar a un solo de guitarra estridente.
Todo vuelve a la normalidad, bajan los decibeles. Un armonioso groove de batería es acompañado por un bajo simple, andante. Guitarras limpias y algunos coros etéreos.
Un timbre de voz lleno, deja un poco de esperanza.

4 "La niebla": El corte de difusión de “Don Gregorio Sessions”. Una canción con emotivo comienzo, tal vez la más intima de las cuatro. La voz se lleva la atención con una melodía pegadiza, en un registro grave, agradable.
El estribillo toma aires punk. Abundante batería y una voz lamentosa.
Un cambio casi abrupto da lugar a una rítmica extraña que se transforma en un vals a cargo de un cuarteto de cuerdas: Tamara Bruno en contrabajo, Georgina Prendes en cello, Lucila Gerelli en viola y Marina Regali en violín, dan un tono inesperado a la canción. La parte cierra con la guitarra a solas.
Luego de una suma de tensiones, reaparece el estribillo, esta vez más potente que antes, terminando en un desgarrador grito. Sin dudas, el punto clímax de todo el EP.